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Resumen de las Apariciones de La Virgen

Catalina Labouré vio por primera vez a la Virgen María cuando tenía 24 años.

La primera aparición tuvo lugar el 18 de Julio de 1830. El Mensaje de La Virgen fue: “Dios quiere confiarte una misión. Tendrás que sufrir mucho pero no tengas miedo”.

La segunda aparición, tuvo lugar el 27 de Noviembre de 1830. La Virgen María se volvió a aparecer de nuevo a Catalina Labouré, esta vez con un objetivo concreto.

“Haz acuñar una medalla según este modelo. Las gracias serán abundantes para las personas que la lleven con confianza”.

La tercera aparición ocurrió al poco tiempo, y allí La Virgen le brindó su apoyo a Catalina en su misión de hacer realidad la medalla.

Las primeras medallas se empezaron a distribuir hacia 1832, justo cuando una epidemia de cólera azotaba París.

El hecho de que numerosas personas hayan sido curadas hizo que las mismas fuesen consideradas como milagrosas.

Catalina murió en 1876 y fue canonizada por Pio XII en 1947.

Oración de San Juan Pablo II a La Virgen de La Medalla Milagrosa

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos. Ésta es la oración que tú inspiraste, oh María a Santa Catalina Labouré y esta invocación, grabada en la medalla, la llevan y pronuncian ahora muchos fieles por el mundo entero. Bendita Tú entre todas las mujeres!

¡Bienaventurada tú que has creído! ¡El Poderoso ha hecho maravillas en ti!

¡La maravilla de tu maternidad divina! Y con vistas a ésta ¡La maravilla de tu Inmaculada Concepción! ¡La maravilla de tu fiat! ¡Has sido asociada tan íntimamente a toda la obra de nuestra redención, has sido asociada a la cruz de nuestro Salvador!

Tu corazón fue traspasado junto con su Corazón. Y ahora, en la gloria de tu Hijo, no dejas de interceder por nosotros, pobres pecadores. Velas por la Iglesia de la que eres Madre, Velas sobre cada uno de tus hijos. Obtienes de Dios para nosotros todas esas Gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas. Con la única condición de que nos atrevamos a pedírtelas, de que nos acerquemos a Ti con la confianza, osadía y sencillez de un niño, y precisamente así, nos encaminamos sin cesar a tu Divino Hijo.

Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio del designio de salvación actuado por tu Hijo. Te pedimos que por medio del Espíritu Santo, la Fe se arraigue y consolide en todo el pueblo cristiano, que la comunión supere todos los gérmenes de división, que la esperanza cobre nueva vida en los que están desalentados. Te pedimos por los que padecen pruebas particulares, físicas o morales, por los que están tentados de infidelidad, por los que son zarandeados por la duda de un clima de incredulidad y también por los que padecen persecución a causa de su fe.

Te confiamos el apostolado de los laicos, el ministerio de los sacerdotes, el testimonio de las religiosas.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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